- La preeminencia de la danza de los Morenos
- La preponderancia de otras danzas
- La prohibición del vestuario
- Los primeros concursos de danzas
- La participación exitosa en certámenes nacionales de danza
- La presencia barrial.
La preeminencia de la danza de los Morenos
En 1923, César Guillermo Ganzo hacía notar que los Morenos se constituía en la danza emblemática de la fiesta patronal y la Pandilla Puneña de los carnavales, al escribir: "Morenos y pandillas, esas dos típicas manifestaciones de la raza que divinizó al Sol, son entre las ruinas colosales de los monumentos, los últimos regazos vivos del espíritu indio" (Diario El Eco de Puno, 23/5/1923).
La preponderancia de otras danzas
Desde la tercera década de la centuria pasada, otras danzas empezaban a ganar espacio; sin embargo, los Morenos seguían teniendo preeminencia hasta mediados del siglo. En la fiesta patronal de 1921, danzarines de cinco danzas distintas recorrían las calles puneñas, conforme daba cuenta un diario: "Cinco comparsas de indios disfrazados de toreros, morenos, ángeles, diablos y llameritos, precedían a la procesión ejecutando su música y sus bailes, caprichosos y cargantes pero que agradan" (Diario El Siglo de Puno, 10/2/1921).
En la década del cincuenta, la Llamerada disputaba la primacía con los Morenos o Sikumorenos. En la siguiente década, se impuso la Llamerada; así, en 1966, de un total de 22 conjuntos participaban 9 llameradas, 3 sikuris y las otras danzas con menos conjuntos (Diario Los Andes de Puno, 8/2/1966). En esos decenios surgían los conjuntos de morenadas, kullahuadas y diabladas.
En los años de los setenta, paulatinamente, adquiría prestancia la Kullahuada. Así, en 1975, de 25 conjuntos de la categoría "c" ("Traje de luces"), participaban 8 kullahuadas, 6 diabladas, 3 sikuris, 3 morenadas y 3 reymorenos, entre otros. (Diario El Siglo de Puno, 10/2/1975). En esa década, ganaban terreno la Morenada (y sus variantes: Rey Moreno y Rey Caporal) y la Diablada.
Desde la década de 1980 a la fecha, disputan la supremacía los conjuntos de sikuris (de uno y varios
bombos) con las morenadas (y sus variantes), seguidos de los "carnavales" (pujllay y anata), los caporales y las diabladas. En 1993, participaban 26 sikuris (de uno y varios bombos), 18 morenadas (incluye variantes), 9 carnavales, 7 caporales, 7 Kajelos, 6 diabladas y 5 kullahuadas, entre otros. En el 2004, intervinieron: 38 sikuris (de uno y varios bombos), 21 morenadas (incluye variantes), 19 carnavales, 8 caporales y 7 diabladas, entre otros.
En la actualidad tenemos: 30 sicuris (incluye variantes), 20 morenadas, 12 caporales, 8 diabladas, 3 kullahuadas, 3 waca wacas y casi medio centenar de carnavales autóctonos
La prohibición del vestuario
Los grupos de danzas, no sólo en los años del siglo XIX sufrían de agresiones, sino durante la primera mitad del siglo XX, cuando por orden subprefectural y/o municipal se prohibía el uso de disfraces o se obligaba el pago de una suma por su utilización durante la Festividad de la Virgen de la Candelaria.
Al respecto, el maestro José Antonio Encinas rememoraba: «Todo lo auténtico estaba olvidado. Era de mal gusto interpretar la música aborigen. Las municipalidades prohibieron o pusieron todo género de obstáculos para que el indio no continuara manteniendo sus danzas tradicionales, fuentes inapreciables de historia. La policía castigaba y multaba a las indias que ingresaban a la ciudad usando monteras.» (Encinas, 1932: 86-87). Otro maestro, Julián Palacios Ríos, advertía: «Antes las autoridades prohibían a los indios bailar y tocar colectivamente en las ciudades y solo les permitían previo pago de multas.» (Diario Los Andes de Puno, 1/3/1934).
Los primeros concursos de Danzas
El primer concurso que se desarrolló en el marco de la Festividad de la Virgen de la Candelaria, es el de sicuris, en 1929, organizado por la Municipalidad Provincial de Puno, con el propósito de que el ganador represente a Puno en el certamen nacional de Amancaes. En tal concurso, que congrego a conjuntos de sikuris de varios distritos resultaron premiados: Sicuris de Ilave, Sicuris de Chucuito, Phusires de Orkapata, Sicuris Obreros y Sicuris de Huaraya (Diario El Eco de Puno, 21/2/1929).
En febrero de 1934, se realizó exitosamente un concurso de danzas a nivel departamental, organizado por el artista y escritor Darío Eguren de Larrea, para que los ganadores se presenten en el Cusco, en el certamen promovido por el cuatricentenario de su fundación española. Participaron: Sicuris Ilave, Los Chirihuanos de Yunguyo, Zampoñas de Juli, Ayarachis de Paratía, Baile de los Uros, Conjunto Coreográfico Masías, Tucumanos de Azángaro, Chunchos de Ayapata, Zampoñas de Yunguyo, Chunchos de Amantaní, Wifalas de Asillo, Auquipulis de Chucuito, Llameros y Zampoñas Orkapata (EEP' 19, 20 y 21/2/1974). Cabe registrar a otros dos concursos de danzas, a pesar de no realizarse en el marco de la fiesta patronal, a los de 1936 y 1947.
La participación exitosa en certámenes nacionales de danza
De los concursos nacionales de danza, en las que Puno se alzó con una contundente victoria, cuentan la de 1935, en Lima, y la de 1966, en Huancayo. En la capital de la república, con ocasión del cuatricentenario de la fundación española de la ciudad de Lima, participaron el Conjunto Masías (acompañado de la Estudiantina Duncker) y el Conjunto Orkapata (con la Estudiantina Lira Puno), quienes se ubicaron en el primer y segundo lugar, respectivamente.
En el Primer Festival Nacional de Bailes y Danzas Folklóricas desarrollado en Huancayo, intervinieron: Sicuris Mañazo, Morenada Orkapata, Diablada Porteño y Bellavista, Llamerada Huajsapata y Carnaval de Huañuscuro Acora.
La presencia barrial
En 1954, cuando la Gobernación de Puno organizó un concurso de danzas por la Festividad de la Virgen de la Candelaria, participaron 14 conjuntos, de los cuales sólo uno era del medio urbano, nos referimos a Sicuris Mañazo. Al año siguiente, en la octava de la fiesta patronal, intervenían 5 conjuntos urbanos: Sicuris Mañazo, Collawas o Kullahuada del Barrio Laykakota, Llameros o Llamerada del Barrio Azoguini, Llamerada de Laykakota y Sicuris Obreros del Arco.
En 1956, en el primer concurso patrocinado por el Instituto Americano de Arte, se incrementaba la Llamerada de Santa Rosa y Sicuris Mañazo. De manera, que el año de 1955, marca el inicio de la presencia barrial en la Festividad de la Virgen de la Candelaria.
Con el comienzo de la presencia barrial, se dio el inicio de la recreación de danzas. En tal recreación, se filtró influencia boliviana. El siku y el pinquillo daban paso a los instrumentos de bronce. El cambio ocurrido no sólo fue en música, sino en vestuario y coreografía. Los Llameros se convertían en Llamerada, los Morenos en Morenada; después, las Kullawas en Kullawada y los Diablos en Diablada.
Danzas que participan en la Festividad Virgen de la Candelaria
- Sikumoreno
- Sikuris y variantes
- Ayarachis
- Carnavales de los diversos pueblos de Puno
- Kajelos
- Wifalas
- Chacareros
- Chacalladas
- Wapululos
- Unucajas
- K'ajchas
- Puli-Pulis y variantes
- Choquelas
- Llameritos
- Awatiris
- Challpas
- Waraqueros
- Alpaqueros
- Diablada puneña
- Morenada
- Rey moreno
- Rey caporal
- Caporales
- Waca waca
- Kullahuada
- Kallahuaya
- Llamerada
- Tinkus
- Tobas
- Negrería de Huayllay
Bordadores y careteros
Los bordadores y careteros son los artesanos que se dedican durante todo el año a confeccionar la indumentaria para los morenos, chinas, cholitas, diablos, diablezas, gorilas, llameros, kullahuas, waca wacas, reyes caporales, reyes morenos y otros. En los meses más cercanos a la festividad, su trabajo se hace más arduo e intenso, ya que la labor que cumplen es una tarea muy delicada.
El costo del alquiler o venta de cada uno de estos trajes resulta elevado, motivo por el que los grupos hacen un gran esfuerzo para presentar el día del Concurso de Danzas Mestizas en el Estadio Enrique Torres Belón los mejores trajes, siendo muchas veces el atuendo que viste la comparsa el elemento que influye bastante para que ocupen los primeros lugares. Para ello, los bordadores innovan y hacen magníficas creaciones, pues de ello también dependerá el prestigio del maestro bordador.
Generalmente en estos talleres trabajan miembros de una misma familia, heredándose de generación en generación el talento en las manos para bordar los caprichosos dibujos de serpientes, dragones, enredaderas de flores, animales del ande, paisajes o tejidos peruanos y otros adornos que decoran las telas; para luego convertirlos en trajes fastuosos y elegantes. A esto se le suma la habilidad con la que colocan las diminutas piedras multicolores, lentejuelas de brillo, perlas, cascabeles, e hilos de oro y plata que distinguen a los integrantes de los conjuntos el día de la Octava de la Virgen de la Candelaria.
Su trabajo comenzó desde los inicios de la Festividad de la Virgen de la Candelaria. Hace seis décadas existían muy pocos bordadores y careteros, y no existía el apoyo hacia su labor, siendo su artístico trabajo poco valorado. Sin embargo, en las dos últimas décadas, han aparecido muchos de estos artesanos debido al progreso en la ciudad de Puno, sobre todo por el turismo; permitiendo que en estos artesanos haya un mayor impulso en sus confecciones debido a la actual competencia y al incremento de danzarines que participan año a año en los conjuntos con Trajes de Luces.
Actualmente, existe la Asociación Cultural de Bordadores y Careteros Puno Capital del Folklore Peruano (ARBOR-PERÚ), que tiene por finalidad la defensa y protección de los derechos conexos de los artistas en bordados puneños (careteros, peleteros, confeccionistas de trajes autóctonos y demás expertos en la elaboración de trajes del folclor Puneño)








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